Una novela corta de D.H. Lawrence y emblemática de los angeles época en l. a. que vivó en México

“Partió sin miramientos, a horcajadas sobre su fuerte caballo ruano, vestida con un conjunto de amazona de tosco lino, los angeles falda de amazona por encima de los calzones de lino, un lazo carmesí sobre los angeles blusa blanca y un sombrero negro de fieltro por tocado. Con los angeles vista en el horizonte dejó atrás el hogar. Ni siquiera se volvió para despedirse con los angeles mano.”

Una mujer de poco más de 30 años, infeliz, casada con un hombre mayor que ella y a menudo ausente, make a decision coger un caballo e ir en busca de las comunidades indias que viven más allá de las montañas. Es un acto de rebeldía, liberatorio e impulsivo que los angeles lleva a recorrer un camino inside y espiritual hacia una nueva sensibilidad.

La mujer que se fue a caballo fue escrito en 1925 cuando Lawrence acababa de volver de México, etapa de su biografía de l. a. se ha hablado poco pero que symbolizeó un momento clave en su poética y en su concepción de l. a. vida.

Una lectura fascinante y conmovedora que nos adentra en un universo erótico y perturbador.

SOBRE EL AUTOR

D.H. Lawrence nace en 1885 en Eastwood, un pueblo del norte de Inglaterra. Después de las primeras experiencias literarias, entre 1922 y 1925 viaja por Australia, Asiay México. En 1925 vuelve a Europa donde, entre 1926 y 1928, retoma su actividad de escritor y pintor. A esos años se remonta l. a. creación de su gran obra El amante de woman Chatterley que sus contemporáneos pudieron leer en una versión censurada y solo en 1960 en su versión crucial. Enfermo de tuberculosis en los últimos años de su vida, viaja en busca de lugares soleados y salubres. Muere en el sur de Francia en 1930.

EXTRACTO

Pensó que aquel matrimonio, de entre todos los matrimonios, sería una aventura. Aunque no porque el hombre en sí le produjese lo que se cube magia. period un individuo menudo y nervudo, un tanto contrahecho, veinte años mayor que ella, de ojos castaños y pelo entrecano, que había llegado a América desde Holanda hacía años, siendo todavía un chiquillo y apuntando maneras de pordiosero.

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Eso period lo único que veían en ella. Antes de que asomase el sol, cabalgaba ya de nuevo sobre l. a. montura, y subían un repecho contra el viento de hielo. El sol llegó, y no tardó en sentirse acalorada, expuesta como estaba al relumbre de los parajes desnudos. Le daba los angeles sensación de estar escalando al techo del mundo. Más allá tajos de nieve cortaban el cielo. En el trascurso de l. a. mañana llegaron a un punto en el que el caballo no pudo proseguir l. a. marcha. Descansaron un rato con un gran tajo de roca viva frente por frente, como el pecho lustroso de alguna bestia terrena. Tenían que seguir por el otro lado, por una grieta vacilante. Se le antojó una tortura de horas, en un avanzar a gatas interminable de grieta en hendidura a lo largo de los angeles cara sesgada de aquella montaña, roca en estado puro. Mientras que un indio delante y otro indio detrás caminaban lentamente, erguidos, calzados solo con sandalias de cuero trenzado, ella, con sus botas de montar, no se atrevía ni a andar derecha. Lo que ella se iba preguntando todo el tiempo, sin embargo, period por qué se empeñaba en seguir agarrándose y gateando por aquellas kilométricas láminas de roca. Por qué no tirarse sin más y acabar con todo. Tenía el mundo a sus pies. Cuando por fin salieron a una pendiente pedregosa miró hacia atrás y vio al tercer indio cargado con su montura y sus alforjas a l. a. espalda, todo ello colgando de un cinto que le cruzaba los angeles frente. Y llevaba el sombrero en l. a. mano mientras avanzaba lentamente, con el lento, artful y pesado caminar del indio, sin titubeos por los resquicios de los angeles roca, como si recorriera un arañazo en el escudo de hierro de l. a. montaña. l. a. pendiente pedregosa caía en picado. Los indios daban muestras de una creciente excitación; uno de ellos iba por delante a paso ligero, desapareciendo tras los recodos de piedra. Y el camino se retorcía y descendía, hasta que al ultimate, bajo los angeles luz cegadora del sol de media mañana, atisbaron un valle más abajo, entre paredes de roca, como en una especie de gran zanja recortada en los montes: un valle verde con un río, árboles y ramilletes de casas bajas y centelleantes. period todo diminuto y perfecto tres mil pies más abajo; incluso el puente plano sobre el arroyuelo, y l. a. plaza con las casas alrededor y los edificios mayores agrupados en extremos opuestos, los altos álamos negros, los pastos y las franjas de maíz amarillo pajizo, las manchas de ovejas o cabras marrones a lo lejos, por las laderas, y los cercados a los angeles vera del agua. Allí estaba, todo menudo y perfecto, desprendiendo los angeles misma magia que desprendería cualquier otro sitio visto desde lo alto de las montañas. Lo insólito period que las casas brillaban de lo blancas que eran, blanco de cal, como cristales de sal o de plata. Aquello los angeles asustó. Emprendieron el largo y sinuoso descenso desde los barrancos siguiendo el cauce del arroyo. Al principio period todo roca, hasta que asomaron los pinos y, al poco, los álamos temblones de ramaje argento. Eclosionaban por doquier las flores del otoño, grandes flores rosas parecidas a las margaritas, y blancas, y motones de flores amarillas.

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