By Honoré de Balzac

Los mejores libros jamás escritos.

Balzac recoge en esta obra maestra l. a. crónica de toda una época, y compone una elegía de los perdidos sueños de juventud.

Obra maestra de Balzac, Las ilusiones perdidas cuenta l. a. historia de un joven de provincias con ambiciones artísticas que sueña con triunfar en París. los angeles odisea de Lucien Rubempré desde l. a. inocencia de su Angulema natal hasta el fango del fracaso constituye uno de los periplos narrativos más audaces, embelesadores e imponentes de l. a. narrativa del siglo XIX.

Crónica de toda una época, elegía y recuerdo de los perdidos sueños de juventud, esta novela, apoteosis y a l. a. vez síntesis de La comedia humana, ha consolidado con el tiempo el vigour de su intimidante grandeza.

La presente edición incluye un estudio introductorio de Jacques Noiray, contado entre los mayores entendidos en el realismo y el naturalismo franceses, así como tres apéndices sobre el proceso de escritura y los angeles recepción de l. a. novela. los angeles versión al castellano del texto (y el apartado de notas que acompaña l. a. obra) es fruto de José Ramón Monreal, uno de los mejores traductores contemporáneos de los clásicos franceses e italianos.

Charles Baudelaire dijo...
«Un visionario apasionado. Todos los personajes de Balzac están dotados con el entusiasmo por l. a. vida que anima al propio autor.»

«¿Qué period en aquel mundo de ambiciones? Un niño que corría tras los placeres y las satisfacciones de l. a. vanidad, sacrificándolo todo a ellos.»

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Al ver a aquellos cuatro hombres tan notables, madame de Bargeton se explicó l. a. escasa atención que los angeles marquesa prestaba a Lucien. Luego, cuando se inició los angeles conversación, cuando cada una de estas inteligencias tan finas y delicadas se mostró con rasgos de ingenio que poseían más sentido, más profundidad que lo que Anaïs podía oír en todo un mes en provincias, cuando sobre todo el gran poeta hizo oír su verbo vibrante que reunía lo más auténtico de aquella época, pero revestido con el baño de oro de l. a. poesía, Louise comprendió lo que Du Châtelet le había advertido los angeles víspera: Lucien dejó de existir. Todos miraban al pobre desconocido con tan merciless indiferencia, que estaba allí como un extranjero que no hablase el idioma, que los angeles marquesa sintió compasión por él. —Permítame, señor —dijo a Canalis—, presentarle a monsieur de Rubempré. Ocupa usted una posición demasiado alta en el mundo literario como para no acoger a un principiante. Monsieur de Rubempré llega de Angulema, y tendrá sin duda necesidad de su protección ante quienes dan a conocer aquí el genio. No tiene aún enemigos que puedan hacerle famoso atacándole. �No le parece muy unique intentar hacerle obtener con l. a. amistad lo que usted ha conseguido con el odio? Los cuatro personajes miraron entonces a Lucien mientras l. a. marquesa hablaba. Aunque se encontraba a dos pasos del recién llegado, De Marsay enristró sus impertinentes para verle; su mirada iba de Lucien a madame de Bargeton y de madame de Bargeton a Lucien, emparejándoles con un pensamiento burlón que los mortificó cruelmente a ambos; les examinaba como a dos bichos raros y sonreía. Esta sonrisa fue una especie de puñalada para el gran hombre de provincias. Félix de Vandenesse undertakeó un aire caritativo. Montriveau lanzó sobre Lucien una mirada para sondearle hasta el fondo del alma. —Señora —dijo monsieur de Canalis haciendo una inclinación—, los angeles obedeceré, a pesar del interés own que nos lleva a no favorecer a nuestros rivales; pero nos ha acostumbrado usted a los milagros. —¡Pues bien! , deme el gusto de venir a cenar el lunes a mi casa con monsieur de Rubempré, allí hablarán más cómodamente que aquí de los asuntos literarios; yo trataré de reunir a algunos de los tiranos de l. a. literatura y a las celebridades que l. a. protegen, a l. a. autora de Ourika14 y a algunos jóvenes poetas de buenos principios. —Señora marquesa —dijo De Marsay—, si apadrina usted a este caballero por su inteligencia, yo le protegeré por su belleza; le daré consejos que harán de él el dandy más dichoso de París. Después, si quiere, será poeta. Madame de Bargeton dio las gracias a su prima con una mirada llena de gratitud. —No le sabía celoso de las personas de talento —dijo Montriveau a De Marsay—. l. a. felicidad mata a los poetas. —¿Es por eso por lo que el señor trata de casarse? —replicó el dandy dirigiéndose a Canalis, a fin de ver si madame d’Espard se sentiría afectada por estas palabras. Canalis se encogió de hombros y madame d’Espard, amiga de madame de Chaulieu, se echó a reír.

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